Las esculturas de la mayoría de las piezas de la lidia extra de Casanellas sorprenden por su gran dramatismo. El caballo del picador es enorme y mazizo y su jinete encaja en la silla esculpido con una ligera rotación del tronco que le proporciona una gran movimiento y la exacta actitud en el momento de la pica. El toro también es soberbio de gran volumen y excelente modelado, en este caso de un color marrón rojizo precioso y con una espectacular mancha de sangre en el dorso que da viveza a todo el conjunto. En el fondo de la escena, un monosabio con gorra, camisa carmín y pantalón de faena azul que da apoyo al picador encarándose con el astado. He dejado para el final una misteriosa figura de torero con capote carmesí a la izquierda que no pertenece a la lidia de Casanellas y que bien pudiera ser de Teixidó en tamaño extra o tal vez de algún otro fabricante por identificar.
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