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El Hospital de soldaditos de Ramiro. Parte 8. Mis adorables vikingos ( recuerdos de la infancia )
1. ODÍN TE DA ALAS...O CUERNOS, SEGÚN EL CASO...
¿ Verdad que es impresionante este grabado decimonónico del dios Odín? Irradía poder y majestad...Pero cualquier aficionado al miniaturismo sabe con certeza que los vikingos no llevaban cuernos ni alas en sus cascos. Las primeras referencias a dichos elementos datan del siglo XIX, cuando Johan August Malsmtröm,prolífico pintor, grabador y dibujante sueco tuvo la ocurrencia de representarlos con unas pequeñas alas laterales en sus cascos en las ilustraciones que realizó para la edición de las famosas sagas de Fritiof en 1868 y Ragnar Lodbrok en 1880, que recogían en sendos volúmenes las leyendas de estos dos célebres reyes vikingos.
De forma casi paralela,en 1874, Carl Emil Doepler, también pintor, dibujante e ilustrador de origen alemán al que Richard Wagner había encargado diseñar el vestuario de las cuatro óperas que formaban la saga "El anillo del Nibelungo" estrenada dos años más tarde, creó para el héroe Sigfrido un soberbio y majestuoso casco alado y otro más modesto, aunque también muy aparatoso, para el villano Hagen, personaje antagonista de Sigfrido y malvado de manual, a quien un tercer pintor e ilustrador, Arthur Rackham, menos indulgente que el anterior, representó con un casco de cuernos de clara inspiración satánica.
Doepler pensaría sin duda que todo aquel fantástico vestuario contribuiría poderosamente a aumentar el dramatismo en el escenario, como seguramente así fué. Ignoro si conodía la obra de Malsmtröm, pero lo cierto es que ambos coincidieron en hacer una caracterización muy similar de los atuendos de los personajes vikingos. Doepler llegó a hacer más de quinientos diseños a color de prendas y complementos para los actores -por cierto, con unos escudos desmesurados- cuyos dibujos fueron reunidos en una magnífica colección de cromolitografías editada con posterioridad, algunas de las cuales inserto a continuación, en la linea de la más pura estética wagneriana, perpetuando así una imagen completamente irreal y ficticia del casco de guerra vikingo y creando un mito que, aunque fruto de una imaginación desbordada y materializado tan solo en la guardarropía de un teatro, ha perdurado intacto hasta nuestros días profundamente arraigado en la cultura popular, a pesar de estar situado en las antípodas de la realidad histórica.
Por si no bastara con todo ello, en 1942 tuvo lugar un extraordinario hallazgo en una turbera del pantano de Brons Mosse, en Vikso, localidad situada en la isla danesa de Zealand: se descubrieron allí enterrados dos cascos ceremoniales de bronce, de origen y época desconocidos, dotados de unos largos cuernos.
Desde que este suceso se dió a conocer, bastante después de acabada la guerra en Europa, más de un acreditado historiador sugirió que aquel hallazgo era la prueba definitiva que confirmaba el origen histórico de la cornamenta vikinga, encendiendo de nuevo una estéril polémica que se prolongó nada menos que hasta 2019, año en que la arqueóloga Heide Wrobel Norgaard, que hacía unos trabajos de restauración, descubrió en el interior de uno de los cuernos un pequeño residuo de brea de abedul que hasta entonces había pasado desapercibido, pudiéndose al fin efectuar una datación por carbono 14 de los cascos ( el metal puro, como sabemos, no se puede datar, al no tener carbono ), con lo que se supo que se habían fabricado en la Edad del Bronce nórdica, en un período comprendido entre los años 1750 y 500 a.C. es decir hace casi 3.000 años, muchos siglos antes de que los vikingos se establecieran en la región.
Pero los cascos escondían más sorpresas: Ambos llevan en su centro una cresta longitudinal, desde la frente a la región occipital, con una profunda ranura en la que se podían insertar plumas o mechones de pelo de animal, que probablemente iban sujetos con la brea allí encontrada, utilizada como pegamento. Y en la placa transversal que atraviesa la cresta formando una cruz hay también pequeños soportes cilíndricos huecos para plumas o mechones, uno a cada lado, por lo que hemos de suponer que éstos iban profusamente adornados, como nos muestra el dibujo de Thomas Bredsdorff, (foto 9) procedente, como la foto anterior, del Museo Nacional de Dinamarca, donde los cascos se encuentran expuestos. Imagino a Sigfrido cantando un aria en el gran teatro de Bayreuth el día del estreno de su ópera homónima con uno de esos cascos emplumados en su cabeza, seguro que a Doepler y a Wagner les habría encantado...Es una pena que no los hubieran descubierto cien años atrás.
Sin embargo, al margen de estas consideraciones históricas, lo cierto es que para cualquier chaval de mi generación que devoraba con avidez los tebeos de "El Jabato" y "El Capitán Trueno"allá por los años 60 del pasado siglo -y ésto también es historia, no cabe duda- los vikingos no eran tales si no llevaban cuernos o alitas en el casco, tal hecho resultaba incuestionable. Y ello se debía a que tanto los dibujantes de historietas como los fabricantes de juguetes de la época así lo entendían, pues los representaban siempre de esta manera, sin excepción, como podremos ver a continuación. llama la atención el aparatoso casco de jefe vikingo de la serie de "El Capitán Trueno", con una cornamenta de ciervo incorporada.
2. AQUELLAS PRECIADAS BARATIJAS...
En esa década, el embrión de la futura empresa de juguetes Comansi, tenía un nombre mucho más modesto, Baratijas La Fábrica y bajo tal epígrafe creó y comercializó el grupo de vikingos objeto de este pequeño artículo, con los que yo tuve el inmenso placer de jugar en mi infancia. La denominación de "baratija" no era entonces en absoluto peyorativa. Dos ciudades mediterráneas con un dilatado e ilustre pasado juguetero, Barcelona y Valencia, se disputaban en esos años con Madrid la hegemonía en el negocio del juguete popular, asequible al gran público, existiendo una multitud de pequeñas empresas que fabricaban estos artículos, sobre todo de plástico, pero también de cartón, madera, goma y metal, que luego eran puestos a la venta por los comercios del ramo, por cierto, con un gran éxito.
De todos ellos, los más modestos eran los puestos o quioscos callejeros que, además de las baratijas, vendían pipas, golosinas, soldaditos y muñecas recortables, cromos para coleccionar, tebeos y, en fin, lo que hiciera falta para subsistir en aquella España del inicio de los sesenta que poco a poco comenzaba a levantar cabeza, recibiendo con los brazos abiertos la gran eclosión de la era del plástico, que ya alcanzaba todos los rincones del país. La técnica del modelado por inyección permitía obtener cualquier pieza u objeto de plástico, desde un vaso, un plato o una palangana hasta figuras, soldaditos, vehículos, muñecas o animales de juguete, hechos en serie, en muy poco tiempo y, sobre todo, a un coste razonable, abaratado aún más por la aparición de las figuras de plástico soplado, huecas por dentro y obtenidas también por una técnica similar a las anteriores, lo que permitía ahorrar una buena cantidad de material.
De la fructífera e incesante actividad de este negocio juguetero son una muestra evidente las facturas que incluyo en este capítulo, procedentes de mi pequeña colección, que dejan constancia de las transacciones comerciales de los fabricantes de baratijas, mayoristas e intermediarios con los comercios de venta al por menor de entonces. Merece la pena leerlas con atención, por que son un buen escaparate del pequeño comercio del juguete de aquella época, con unos productos harto peculiares y un estilo mercantil muy particular. Podemos ver que dos de estas facturas están, curiosamente, expedidas por Baratijas La Fábrica: La inferior, apergaminada por el paso del tiempo, data de 1963, el año en que este negocio fué comprado por Josep María Vergés, fundador de Comansi. Y en la superior, de 1967, vemos que la empresa aún continuaba en activo y bajo el mismo nombre, probablemente como una filial de la anterior y en un domicilio diferente, pero produciendo los mismos juguetes, lo que hace pensar que tenían sin duda una extensa y fiel cuota de mercado.
Pero centremos el tema. La pequeña colección de vikingos que nos ocupa se fabricó probablemente entre los últimos años de los cincuenta y primeros de los sesenta del siglo pasado, primero en goma y más tarde en plástico. Las figuras de goma se vendían pintadas y yo no las conocí de niño. De las seis que supuestamente formaban esta primera tirada, tan solo llegué reunir, tras muchos años de búsqueda, las tres que aquí muestro: el arquero, el vikingo que avanza con la espada en alto y el que hace sonar el cuerno. Al resto nunca las ví, ni siquiera en fotografías, lo cual me hace sospechar que quizás tan solo se comercializaron estas tres figuras en un principio, añadiendo las restantes cuando se hizo la gran tirada en plástico sin decorar que se vendía a granel en los quioscos. Estas primeras figuras de goma tienen el curioso detalle de llevar el cabello de color rubio o pelirrojo y los ojos azules a fin de acentuar su aspecto nórdico, como vemos en la imagen.
En cuanto a las de plástico, algo posteriores, se produjeron en gran cantidad, vendiéndose en los puestos callejeros, (aún hoy, los coleccionistas llamamos "figuras de pipero" a éstas y otras similares) alcanzando una gran popularidad. Desgraciadamente ignoro quien fué el autor de las mismas. Yo tenía entonces 7 u 8 años y un buen puñado de estos vikingosen mi caja de los juguetes, una gran lata metálica de galletas. Los hacía navegar en seco en un drakkarde circunstancias que fabriqué con la tapa de cartón de una caja estrecha y alargada que modifiqué por sus extremos y cuyo primitivo contenido no logro recordar. La embarcación llevaba un lápiz sujeto por su base en el centro,que hacía las veces de mástil y, ensartada en el mismo por ambos extremos a modo de una vela henchida al viento, una hoja de cuaderno pintada con anchas franjas rojas verticales -los colores Alpino daban para mucho- que le confería un genuino aspecto vikingo, digno de la célebre película de Kirk Douglas y alguna otra del mismo tema cuyo título ya olvidé y que yo contemplaba extasiado en el cine de verano mientras chupaba una barra de regaliz. Lo que si recuerdo con cierta frustración es que nunca pude conseguir una cabeza de dragón para la proa...
Era, como puede suponerse, una embarcación de casco plano -muy plano- a propósito para remontar los ríos en busca de un botín apetecible y llevaba un único aparejo fijo, un cordel que salía de la proa, se abrazaba con un nudo al extremo superior del lápiz-mástil e iba a morir a la popa. Incluso conseguí hacer en cartón los escudos vikingos que colgaban por las bordas, con la ayuda de una moneda. He de decir que la embarcación carecía de remos, me debió parecer entonces demasiada complicación, aunque tampoco los echaba de menos con tanta gasolina extra en forma de imaginación que le suministraba a diario. Mi barco vikingo -la palabra "drakkar" aún no figuraba en mi vocabulario- duró quizá un par de temporadas, con varios cambios de velamen y algunos remiendos de calafate aquí y allá y me divertí muchísimo jugando con él. He intentado hacer una reproducción del mismo lo más exacta posible, exponiendo brevemente su fabricación aproximada en las siguientes imágenes e incluyendo una foto del barco con su tripulación, pero me parece que no le hago justicia del todo, aquella nave me gustaba mucho más, o acaso yo la miraba con otros ojos...
La colección consta, como vemos a continuación, de media docena de figuras de 6 cm de altura, en poses diferentes y casi todas en acción, lo que las hace muy jugables. Tres de los vikingos tienen posturas muy dinámicas, apoyados sobre un solo pie: son los que empuñan la espada y la lanza y el que levanta el hacha de doble filo en actitud amenazante, tocado con un casco que lleva unos pequeños cuernos marcando los cuatro puntos cardinales. Esta licencia escultórica tan peculiar no la vi en ninguna otra imagen de un vikingo.
Abajo podemos ver los tres vikingos restantes. La figura del arquero está resuelta de una forma magistral, sujetando al tiempo el escudo -embrazado a la izquierda- y el arco, cuya cuerda tensa con la mano contraria. El que hace sonar el cuerno/bocina lleva sobre el casco un aditamento que aún no he logrado descifrar y se me antoja un tanto paticorto. Y en cuanto al portador del estandarte...¿qué decir? Creo que es una figura única e irrepetible, de poblada barba, mirada fija y ademán firme y resolutivo, con su espada extendida al infinito señalando el rumbo a seguir mientras sujeta orgulloso un pendón vikingo -si alguna vez los hubo- con el mástil coronado por una cabeza de dragón muy bien conseguida y flanqueada por dos cuernos. El estandarte lleva grabado en relieve un segundo dragón de clara inspiración china, con cuerpo de serpiente y cola de flecha rematando el conjunto, todo ello deliciosamente kitsch...
Añado también a continuación la imagen comparativa de una de las figuras de goma, la que va pintada, junto a otra de plástico fabricada a primeros de los sesenta y una tercera más actual, probablemente de algún fabricante que compró los moldes. Estas reproducciones más modernas están hechas por lo general en plástico dorado o plateado, por lo que son fácilmente reconocibles. Desde hace algunos años nos llegan desde los EEUU figuras de marcas españolas de aquella época, fabricadas curiosamente en un plástico de mejor calidad que las originales. En la última foto de este bloque vemos al vikingo del hacha de los años sesenta junto a una reproducción más reciente, que se distingue, como hemos dicho, por su color gris plateado y por llevar una sujeción entre el pie levantado y la peana, que en las figuras originales nunca existió.
4. ¿ MEJOR PINTADAS...
Al crecer, como era de esperar, fuí poco a poco perdiendo de vista a mis guerreros y soldaditos, que ignoro a dónde fueron a parar. Y casi habían quedado relegados al olvido cuando al cabo de mucho tiempo, cumplidos ya los treinta, encontré unos cuantos por azar, curioseando en un puesto de mercadillo. Fué tal el flechazo -certero, de indio apache de goma genuino y directo al corazón- que no me pude resistir y los compré. Y así, sin saber muy bien por qué, comencé de nuevo a coleccionar todas aquellas figuras con las que había jugado de pequeño. Poco a poco y con mucha paciencia fuí completando colecciones, consiguiendo libros y catálogos y adquiriendo aquellas figuras que recordaba, a veces con increíble nitidez y otras de forma más nebulosa, así como muchas nuevas, cuya existencia desconocía...Caramba, creo que esta historia le resultará familiar a más de uno, ¿no es así?
No tardé mucho tiempo en completar y triplicar largamente mi media docena de vikingos, a los que dediqué un lugar de honor en la vitrina...Y allí se aburrieron durante algunos años hasta que me cansé de mirarlos y pensé que quizá ganarían algo si los pintaba, a fin de cuentas se lo merecían por los buenos ratos que me habían hecho pasar de niño. No me costó mucho decidirme, pues ya tenía entonces suficientes conocimientos sobre la pintura de figuras, aunque intuía de alguna manera que iba a someterlos a una prueba de fuego. Siempre he crído que para valorar la calidad escultórica de una figura no hay nada mejor que pintarla. Si está bien proporcionada y es rica en detalles ganará muchísimo, ya lo sabemos, son aquellas figuras que se "pintan solas". Pero si es de escasa calidad, quedará aún peor una vez pintada, pues, como también sabemos, la pintura realza el relieve y las proporciones de una buena escultura, pero acentúa los defectos de una mediocre y ello siempre que sea, cuando menos, correcta, pues resulta obvio que una pintura deficiente arruinará sin remedio cualquier figura, sea buena o mala.
Así que elegí a seis de mis guerreros del norte
lunes, 6 de abril de 2026
Castresana/Jiménez Grupo de sanidad militar
A menudo se hace difícil diferenciar lo que es de Jiménez y lo que pertenece a García Castresana ya que ambos usaron los mismos moldes. Éste último, consiguió los troqueles de su antecesor, actuando como mediadores los hermanos Capell. Sean rstas figuras de uno o de otro, lo cierto es que se trata de un bellísimo grupo de sanidad militar con camilleros, ciclistas y oficiales en 45 mm. Jiménez publicó un catálogo o quizás más; creo que usó el nombre de Selecta para figuras también de su producción. En su catálogo aparecen figuras claramente distinguibles, de segura atribución. He buscado a este ciclista y no lo he encontrado entre sus páginas. Me inclino en pensar que estas piezas son realmente de García Castresana.
miércoles, 1 de abril de 2026
Jorge Martinez
El pasado mes de Diciembre nos dejó Jorge Martínez. Líder y fundador de la banda de rocanrol Ilegales. Una faceta poco conocida de Jorge era su pasión por los soldaditos de plomo. En su colección no faltaban piezas de los más impotantes fabricantes como T.E.O, Palomeque, Eulogio o Casanellas. Era un entusiasta de los moldes originales de Schneider y de otros fabricantes como Mignot o García Castresana. Su amabilidad y cordialidad era la norma y me proporcionó muchas figuras sacadas de sus moldes desinteresadamente. Hasta siempre Jorge¡¡
jueves, 26 de marzo de 2026
Eulogio. Infantería reinado Felipe IV. Los Tercios siglo XVII
Eulogio González inició su trayectoria, de muy joven, como grabador en la antigua fábrica de Millet. Sus primeras figuras en 45 mm eran soldaditos encantadores que representaban tropas contemporáneas del Ejército español. En 54 mm, denominado tamaño extra, ya desde sus inicios, realizó obras maestras como su artillería de montaña a lomo de una precisión y magestuosidad admirables. Con el paso del tiempo el soldado de plomo desaparece de las jugueterias, se empiezan a organizar sociedades de coleccionistas como la Agrupación de miniaturistas militares en España; la supervivencia del soldado de plomo dependía ahora del miniaturismo militar. Fabricar figuras más detalladas, con uniformes muy precisos e históricamente exactos era el objetivo de los fabricantes. Es la época de Almirall, Sáez, Compte, Labayen y otros. Eulogio, el cual estaba afiliado a la Agrupación, no podía quedar indiferente a todos estos cambios de rumbo. A partir de muchos de sus antiguos moldes empezó a realizar transformaciones, añadir detalles con lámina de plomo o papel, pintar las figuras con mayor detalle y producir, a su estilo, miniaturas militares de gran categoría tanto a caballo como a pie. Se representaron tropas de diferentes épocas y diferentes paises, regimientos de la época de Alfonso XIII como lanceros, cazadores o escolta Real , carlistas, napoleónicos y toda suerte de variaciones. Aquí mostramos una representación de miniaturas militares de Eulogio realizadas magistralmente en 54 mm representando a los Tercios del siglo XVII.
domingo, 15 de marzo de 2026
Jiménez. Castresana y otros autores. Figuras de la Antigüedad en 45 mm
Castresana. Historia militar de España. Guerrero íbero
Castresana. Hombres de armas de las Guardias viejas de Castilla.
Imagen de una página del catálogo de García Castresana anunciando su célebre biblioteca de la Historia militar de España en soldados de plomo. Jiménez fué junto con Palomeque un precursor en el proyecto de producir figuras de todos los tiempos desde los tiempos más antiguos hasta sus soldados contemporáneos del reinado de Alfonso XIII. Castresana, por mediación de la familia Capell, consiguió los moldes antiguos de Ángel Jiménez lo que le permitió realizar un amplio catálogo de soldados de los tiempos más remotos.
Jiménez publicó, al menos, un catálogo en el que aparecen muchas fotos de sus cajas. Existió una marca de soldados de plomo denominada "Selecta" en cuya etiqueta aparecen figuras al estilo Jiménez. En el catálogo, resulta sorprendente que muchas cajas tienen figuras idénticas a los casanellas. Las figuras de toreros, la Escolta Real y otras tienen idéntica apariencia. Incluso en ésta imagen vemos en el primer y tercer rengón figuras características de Jiménez. Pero en el segundo, aparece una biga romanas segudo de un grupo de soldados a la manera de Casanellas. Sin duda éstos fabricantes compartieron moldes y se hicieron préstamos para mejorar su catálogo. Sin embargo este hecho parece unidireccional, es decir de Casanellas hacia Jiménez pero no a la inversa.
Romanos 45 mm. De izquierda a derecha: Heyde, Casanellas, Capell, Castresana, Capell y Castresana.
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