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martes, 17 de febrero de 2026

El Hospital de soldaditos de Ramiro. Parte 7. El extraño caso del Dr inclinado o cómo enderezar una figura torcida.


 En ésta publicación Ramiro Durán nos explicará la técnica para enderezar antiguas figuras clásicas de goma de manera eficiente. Empecemos...

"Es usted un buen médico, Clipton, pero tiene mucho que aprender sobre el ejército" (Coronel Nicholson).

1. INTRODUCCIÓN
De la gran cantidad de figuras militares que comercializó la casa Jecsan entre los años 50 y 60 hay un grupo que, en mi opinión, destaca sobre el resto: la magnífica serie dedicada a los prisioneros ingleses, procedente, como tantas otras, del taller de los hermanos Castells de Barcelona y convertida hoy en dia en objeto de culto entre los coleccionistas. Esta basada, como ya sabemos, en la célebre película "el puente sobre el rio Kwai" estrenada en 1957 y ganadora de siete Oscars, a cuyo gran éxito deben estas figuras, una docena en total, su existencia.
  Fueron pioneras en su género y de una calidad excelente, realizadas primero en goma y más tarde en plástico. Jugué con ellas de pequeño, aunque confieso que no les hacía mucho caso, prefiriendo otras en actitudes más belicosas y combativas...Pero vamos al grano: no hace mucho me topé con una figura de goma del mayor Clipton, el oficial médico del grupo de prisioneros. Era prácticamente nueva, sin jugar y la ofertaban a buen precio, pero tenía un serio inconveniente: estaba muy encorvada. Quizás salió así del molde, quien sabe, o la goma se fué alterando con el paso del tiempo, pero el hecho es que la figura había quedado definitivamente doblada y manteniéndose a duras penas en un difícil equilibrio, como podemos comprobar en la imagen inicial.
  En las cuatro siguientes fotografías aparece junto a otra figura igual, también de goma, que logró mantener la postura erecta a lo largo de los años. Vista de frente o de espalda el defecto no parece tan evidente, pero en las fotografías de perfil se aprecia una acusada inclinación hacia delante y, en menor medida, hacia la izquierda, con la peana totalmente arqueada. Mi primera reacción fué desecharla, pues ya tenía esa figura en mi colección, pero he sido médico militar durante muchos años y de alguna manera me sentí doblemente solidario con mi colega, por lo que en un arrebato emocional, formalicé la compra y decudí echarle una mano para tratar de mejorar su desgalichado aspecto.




2. EL DIAGNÓSTICO DE LA DOLENCIA
  Laprimera pregunta que siempre me hago ante una figura estropeada, una vez hecha la valoración inicial de daños y perjuicios, es algo tan simple como si tiene o no tiene arreglo. En el segundo supuesto lo consideraremos como "siniestro total" pasándola sin más al cajón de los repuestos para aprovechar las partes útiles. Pero aún en el primer caso, cuando la figura puede ser reparada, hemos de valorar si ello merece la pena. Y aquí hemos de considerar múltiples factores de todo tipo: el material de que está hecha la figura, el grado de deterioro de la misma, la posibilidad de que el intento de reparación la estropee más aún, como sucede con las figuras que han perdido el plastificante y se vuelven rígidas y altamente frágiles (incluso esto tiene solución, pero ya lo trataremos en otra ocasión), la presencia de defectos estructurales complejos, pero no irreversibles, la pérdida de elementos de difícil sustitución, como extremidades, armas o cabezas, los roces o rayaduras profundos, una pérdida importante de la pintura original o, lo que es peor, un repintado chapucero y, por último, la pesadilla de cualquier restaurador: la presencia de una bienintencionada, generosa y consistente capa de pegamento fruto de una "restauración" anterior. Además de todo ésto, se han de considerar otras cuestiones: ¿Se trata de una figura valiosa, escasa o rara? ¿Qué valor particular -aquí entra en juego el factor humano- tiene esa figura para su dueño? ¿Cuánto nos va a costar el arreglo en tiempo y dinero? ¿Estamos capacitados en habilidad, materiales y herramientas para llevarlo a cabo o la reparación podría acabar mal, arruinando definitivamente la figura? ¿Perderá ésta gran parte de su aspecto original tras nuestra intervención? Ojo aquí, porque no se trata de hacer una transformación sino de que la figura reparada sea lo más parecida posible a como estaba, o a como debería estar conforme a su edad, suponiéndole un aceptable estado de conservación, por lo que a veces es mejor no pasarse reparando, sobre todo en la pintura, pues para que la reparación sea creíble la figura debe conservar una cierta pátina similar a la producida por el paso del tiempo... 
  Pues bien, una vez revisado todo lo anterior y tomada la decisión de acometer la reparación, hemos de establecer un plan de acción, concretando nuestro diagnóstico de la manera más exacta posible - si es preciso anotando en un papel todos los daños, como si fuese un parte de lesiones- a fin de establecer un orden de prioridad en los arreglos. Puede que alguien piense que ésto es una exageración, pero la experiencia me ha demostrado reiteradamente que los impulsos repentinos que conducen a acciones correctoras no meditadas ni planificadas acaban con harta frecuencia en meteduras de pata a veces irreversibles. Por lo tanto, creo que cualquier tiempo dedicado a revisar concienzudamente la figura y a diseñar nuestro particular plan de acción nos reportará sin duda posteriores beneficios.
  La secuencia que sigo habitualmente es reparar en primer lugar aquellos defectos estructurales de más envergadura, luego los de menor cuantía y, por último la pintura, procurando que los diferentes arreglos no interfieran entre sí.
  En el caso de que haya alguna sustancia extraña impregnando una parte o toda la figura ( se puede uno encontrar con pegamentos de diferentes tipos, pintura espesa, tinta de rotulador, grasa o simple suciedad) hay que retirar la misma mediante el procedimiento que se precise antes de iniciar cualquier reparación. Recuerdo una figura de cierta calidad que reparé hace años que estaba impregnada de laca de uñas de color rojo, que supongo imitaba la sangre de alguna herida grave, la imaginación infantil no tiene límites...
  Pero en éste caso concreto nos lo han puesto fácil: la figura está como nueva, muy bien conservada, sin roturas, pérdidas de material ni faltas de pintura y se ve claramente que el motivo de la deformidad es un acusado abombamiento hacia abajo de la gruesa peana, generando una tensión que ha producido a su vez una deformidad de la pierna derecha a la altura de la pantorrilla, que presenta, como vemos, una acusada convexidad posterior. Por lo tanto, según marcan las flechas en la imagen siguiente, tenemos un problema fundamental -la curvatura hacia abajo de la peana- y otro secundario, pero no menos importante -la curvatura hacia atrás de la porción distal de la pierna, bajo la rodilla. Solucionaremos ambos por este orden.


3. LA RECTIFICACIÓN DE LA BASE DE LA FIGURA ( Y DEL PROBLEMA )
  Daré en primer lugar unas breves pinceladas de alquimia doméstica. Todos sabemos que el calor ablanda la goma, haciéndola más dúctil al aumentar su temperatura. Pero esto no dura mucho, recuperando de nuevo su forma primitiva al enfriarse. No obstante, es un fenómeno muy interesante, que nos puede servir de ayuda para enderezar una pieza pequeña si, tras calentarla con un secador de pelo durante un minuto, no se precisa más, la enderezamos a nuestra conveniencia y la ensartamos por su eje mayor con un alfiler sujeta por una tenacilla o alicate. En las piezas de poco grosor esto funciona bien, pero cuando probé con peanas de goma o figuras de mayor volumen, el procedimiento no me acabó de convencer. Probé también a calentar el alfiler con un encendedor e introducirlo casi al rojo en la pieza a rectificar. Funciona bien sobre el plástico, pero no tanto en la goma. Al cabo del tiempo de ir puliendo el invento, lo que me ha resultado más útil ha sido rectificar la pieza con ayuda de las manos o un alicate forrado de papel de cocina o similar para no dañar la pintura ni dejar marcas y a continuación, mediante una broca fina de calibre ligeramente superior al de la aguja que vayamos a insertar, hacer una agujero en la dirección deseada, extraer algo de material retirando la broca -se pueden hacer varios pases en el mismo orificio- e insertar a continuación, manteniendo la pieza de goma en la postura deseada, la guja o el alfiler, que han de ser rígidos, de acero templado, del que se quiebra al intentar doblarlo. Los alfileres de hierro dulce que se pueden doblar no nos sirven para este menester, como tampoco el hilo de alambre, a no ser que la pieza a rectificar sea curva y de poco volumen y nos interese darle forma después de introducir la guía metálica. Utilizo habitualmente un pequeño portabrocas como el que aparece en la foto.




Vemos en la visión lateral que, tras introducir la broca, la peana ha quedado completamente rectificada. Y, con la broca aún adentro, sí que podemos aprovechar para calentar la peana un minuto con el secador: esto nos servirá para mantener más fácilmente la posición correcta de la peana al introducir la aguja.


Vemos en la siguiente imagen, comparando la figura dañada con la de referencia que, una vez insertado el alfiler, se ha corregido en gran medida la curvatura de la peana, que ahora es casi plana, aunque la doblez de la pierna derecha aún inclina la figura hacia adelante. El alfiler se ha de introducir sujeto con un alicate, con el que iremos presionando hasta encontrar un tope de resistencia y entonces presionaremos unos milímetros más hasta que la punta del alfiler quede bien anclada al final del orificio practicado, calculando con cuidado la distancia para no sacar la punta por el otro extremo. Pero si esto sucede tampoco pasa nada, retrocedemos un poco y ya está. Una pequeña marca en el alfiler con un rotulador negro de tinta indeleble nos puede servir para calcular mejor la distancia al presionar.


A continuación y con ayuda del mismo alicate quebraremos el alfiler insertado presionándolo lateralmente justo a nivel del borde de la peana, para que se rompa unos milímetros hacia adentro, tal como se muestra también en las imágenes.



En el proceso de inserción del alfiler no es preciso poner pegamento de ningún tipo. Como se puede ver, la peana es gruesa, por lo que opté por repetir la misma operación practicando un segundo orificio paralelo al primero, dónde inserté otro alfiler por el mismo procedimiento, aunque al quebrarlo no quedó tan bien y tuve  que empujarlo con ayuda de la broca, en la dirección que indica la flecha.




Con la inserción de este segundo alfiler finalizé la primera operación, quedando la peana prácticamente recta. Pero añadiré un detalle importante: una vez introducido el primer alfiler, ya no se puede rectificar más la pieza, pues si lo hacemos, éste podría romperse dentro, arruinando todo el procedimiento. Por lo tanto, la rectificación máxima - y única- se obtiene con la inserción del primer alfiler. El segundo, o los que queramos añadir, tan solo refuerzan la rectificación ya conseguida.

4. UN ACCIDENTE CASUAL Y UN PERONÉ DE METAL.


  Antes de continuar, volveré sobre una de las imágenes anteriores, que repito arriba, para hacer patente un pequeño percance. Miremos con atención el punto que señala la flecha. Cuando había acabado la primera parte de la reparación, contento y feliz por la buena marcha de la misma, me di cuenta de que al rectificar la peana, ésta había tirado de la pierna derecha hacia abajo, desgarrándola en parte por por su punto más débil: la zona anterior del tobillo. Esto pasa a veces con las figuras de goma, que aunque estén muy bien conservadas como sucede aquí, no dejan por ello de tener la edad que tienen y el paso de los años va haciendo mella en la goma, que se ablanda en exceso o, al contrario, se reseca y se vuelve dura y algo quebradiza, sobre todo en las partes más delgadas de la figura, que son las más vulnerables. De modo que sumamos un nuevo problema a los ya existentes: la rotura de la parte anterior del tobillo derecho. No olvidemos que en una reparación todo puede torcerse y retorcerse, incluso el arreglo de una figura ya torcida...
  Cuando nos pasan estas cosas, que suceden con cierta frecuencia cuando uno se pone a reparar lo que sea, no hay que perder la calma. Respiramos hondo y aplicamos el mismo criterio que ya conté al principio: planear el arreglo, anotarlo física o mentalmente y llevarlo a cabo en el momento oportuno - no antes - a lo largo del procedimiento general. En este caso decidí esperar hasta que la pierna estuviera completamente rectificada, aplicando la norma de arreglar primero los desperfectos más complejos e importantes y después los problemas de menor cuantía. Por suerte el pie no se separó del todo, provocando tan solo un pequeño susto, pero aunque así hubiera ocurrido, debemos considerarlo como una simple incidencia perfectamente solucionable.





martes, 10 de febrero de 2026

Pech Hermanos. Torneo. Figuras medievales de goma.




Los hermanos Pech empezaron a fabricar soldaditos de plomo en la posguerra; copiando en gran medida el modelo de figura creado por Sánquez; con los brazos articulados, en semibulto y de unos 50 mm de altura. Las figuras, mayoritariamente, eran de desfile decoradas con colores muy mates y peanas de gris muy clarito. Al terminar la era del soldado plomo destinado a juguete, por razones higiénico sanitarias, empezó a usarse el plástico para ese fin y la casa Pech alcanzó su verdadera grandeza con los nuevos soldaditos de goma. Un ejemplo de ello lo encontramos en las figuras medievales llenas de luminosidad debido en gran parte al color de base de las gomas usadas para inyectar los moldes. Las figuras en las que predomina el blanco son realmente níveas, a pesar del paso del tiempo. Para la serie de sarracenos usaron inteligentemente tonalidades más oscuras para crear una atmósfera más inquietante. Bastaban pequeñas notas de esmalte con colores muy vivos para completar las piezas magistralmente.

lunes, 9 de febrero de 2026

Casanellas. Infantería alemana en combate. Bulto 45 mm





 Otro grupo del catálogo "la Guerra" en 45 mm. Poco a poco van apareciendo las figuras originales que nos permiten hacernos usa idea precisa de como eran realmente estas piezas clásicas. Con la producción de Casanellas a menudo se producen dudas respecto a las atribuciones , pues los hermanos Capell, herederos de todos los moldes, siguieron fabricando, una vez fallecido Baldomero Casanellas, series parecidas a las más anyiguas. Los soldados Capell no tienen tan buena definición en el grabado, abundan las rebabas y la pintura es mucho más comercial y descuidada. No tienen nada que ver respecto a los de su predecesor y este hecho es sorprendente pues ambos disponían de las mismas matrices. Basta comparar las series de húsares de Pavía de uno y otro autor para percatarnos de las enormes diferencias de calidad y estilo entre los más antiguos y la producción más masificada de sus continuadores. 
  Baldomero Casanellas aprendió el oficio de muy joven como aprendiz en el taller de José Lleonart. Con los años mantuvo una gran amistad con el hijo de éste, Víctor Lleonart, ( quien escribió un valioso manuscrito, relatando  los inicios de los talleres barceloneses y la historia de las primeras figuras del siglo XIX) con quien organizó viajes por Europa para informarse de los avances de los principales fabricantes franceses y alemanes..

lunes, 2 de febrero de 2026

Ortelli. Composición con tres figuras por Salvatore Bacciarini.

Figura compuesta de Ortelli. El grabadp es de Bacciarini realizado hacia 1830. El motivo de la pieza es el de un oficial de granaderos de la Guardia Real de Fernando VII de paseo, junto a una elegante mujer, y una tercera figura de tamaño inferior a la izquierda de la imagen con sombrero de copa. Éste precioso grupo costumbrista utiliza un recurso ilustrativo para dar profundidad a la escena. La pequeña figura con bastón está puesta ingeniosamente en perspectiva proporcionando al conjunto de un efecto sorprendente.


La pintura al alcohol es fantástica y en las tres versiones que aparecen en esta fotografía vemos que las variaciones de color eran la norma, exceptuando el uniforme del militar, que debía respetar la indumentaria de esa época.

sábado, 31 de enero de 2026

Teixidó. Coracero 54 mm Plomo

 


La caballería de Teixidó de 54 mm en plomo es realmente espectacular. Fabricaron húsares de Pavía, dragones y coraceros. Habitualmente para estas figuras extra usaban un caballo de escultura totalmente al estilo de Eulogio pero con una peana bastante estrecha ( siempre he pensado que Eulogio fué el artífice de ese caballo), con las bridas de un alambre bastante grueso. Sin embargo este coracero lleva un caballo mucho menos corriente y sin embargo muy bonito. De simple grabado con pequeñas peanas en las patas para mantenerlo estable ( recurso usado por Teixidó más adelante en su clásico caballo de desfile en plástico). Este caballo fué usado también en las cajas de soldados extra semiplanos de desfile para los oficiales montados. Teixidó solía ser fiel a sus temas o motivos. Siguió en la era del plástco la serie de coraceros, con unas piezas en 54 mm que en goma son una auténtica maravilla. Fabricó preciosas plazas de toros en plomo en 45 mm que posteriormente tuvieron su versión en plástco , creando la mejor serie de toreros de de todos los tiempos. Siguió también la tradicición de desfiles motorizados en plomo al evolucionar hacia el plástco de manera magistral. 



domingo, 11 de enero de 2026

Autor desconocido. Jinetes con fleje.


 El juego de carreras de caballos fué un clásico en la categoría de juguetes de mesa. Agapito Borrás, Paluzie , Capell, e incluso Teodoro Rodríguez. entre otros, realizaron su propia versión. Las figuras de los caballos de carreras estaban hechas de plomo y se conocen múltiples interpretaciones. Es muy probable que fabricantes que no practicaban la fundición de figuras de plomo/estaño encargasen estas piezas a talleres conocedores del oficio. 
  Estos jinetes montan caballos con fleje que vibran y cobran vida tras el más breve y suave contacto. Son unas figuras muy hermosas decoradas con vivos colores y debemos disfrutar de su presencia y encanto dejando de lado el obsesivo y oscuro laberinto de las atribuciones. 
  En un catálogo de Jiménez, no obstante, aparece en una de sus páginas, figuras de diferentes actividades deportivas, en las que podemos encontrar unos jinetes de carreras con flejes muy similares a los que aquí mostramos. La pintura de los caballos con colores finamente degradados se asemeja a algunas piezas de caballería de Casanellas.