Si hablamos del grupo de elegidos que podríamos denominar los "grandes", sin duda un lugar de honor sería para el artista Eulogio González. Almirall, se refería como a la antigua fábrica, al establecimiento en dónde inició su andadura Eulogio; la fábrica de Antonio Pascual, que posteriormente traspasaría a Millet con la condición de que su grabador Eulogio siguiera en activo. Sin duda, José Millet, no tuvo ningún inconveniente en cumplir esta cláusula.....pues dispondría, en el futuro, de la colaboración de uno de los mejores escultores de soldaditos de plomo de todos los tiempos.
Tal es el prestigio y la reputación de Eulogio, que sus figuras son denominadas por los coleccionistas como " eulogios".
Realmente son piezas magistrales. Son austeros soladados de plomo. Es precisamente esta sobriedad, tanto en la forma como en el color, que los hace tan tremendamente atractivos, y les da un potente carácter merecedor de tal reconocimiento.
Fijémonos en el caballo. Es quizás mi preferido de los eulogio en 54 mm. Posee una escultura, tan hermosa y perfecta, que realmente es como un caballo. Su cabeza, que mueve con desdén. Su paso reposado, el color de su pelaje, y el conjunto escultórico, lo convierten en una obra maestra del género.
